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Los acantilados son roquedos
marinos sometidos a la salpicadura del agua del mar, por oleaje
o por los vientos. En la Reserva Natural los acantilados se limitan
a la zona de la desembocadura, ocupando una pequeña extensión
en la punta de Rodiles y las puntas de La Mesnada y de La Escoba.
Su composición incluye materiales jurásicos,
margocalcáreos
y conglomerados de areniscas y margas que forman facies con distinta
exposición a los efectos del mar. Pese a lo reducido de
su extensión, albergan numerosas especies vegetales cada
una de ellas especializada en colonizar determinadas zonas del
acantilado.
- En la playa de Rodiles se dan acantilados protegidos
de la acción del oleaje, desarrollandose en las fisuras
el helecho marino, Asplenium marinum, la urticácea,
Parietaria judaica y otras como el cenoyo de mar (Crithrimun
maritimum).
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Por encima de estas plantas se sitúan
praderas de la graminea Festuca rubra subsp. pruinosa,
junto con la margarita mayor, Leucanthemun ircutianum
subsp. crassifolium, y Silene uniflora. Estas
praderas, escasas en Villavicosa, necesitan para desarrollarse
suelos ricos en materia orgánica, donde los aportes
salinos procedentes de salpicaduras del mar son esporádicos.
 
- Tras estas últimas encontramos un cinturón
de vegetación con matorrales donde predomina la aulaga,
Genista occidentalis, y el tojo marítimo, Ulex
europaeus subsp. maritimus, alternando con formaciones
de lastón, Brachypodium pinnatum subsp. rupestre.
- Por último las zonas más protegidas
del efecto del mar están ocupadas por formaciones arbustivas,
principalmente perennifolias con laurel (Laurus
nobilis),
aladiermo (Rhamnus alaternus) y madroño (Arbutus
unedo). Entre los arbustos caducifolios destacan el cornejo
(Cornus
sanguinea), el aligustre (Ligustrum vulgare),
el endrino (Prunus spinosa) y el avellano (Corylus
avellana).
 
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