Vegetación

Sin duda uno los valores más destacados de la Ría de Villaviciosa es su vegetación.  Este espacio, por sus peculiares condiciones ambientales, da cobijo a especies de gran singularidad y amenazadas a nivel mundial por la degradación de este tipo de hábitats.

pd_vegetacionEn la zona más cercana a la desembocadura se desarrolla la vegetación de marisma. La flora aquí no es muy diversa pues la elevada salinidad produce efectos dañinos en las plantas: deshidratación y toxicidad. Pese a lo duro de estas condiciones, las especies adaptadas presentan una gran productividad dada la riqueza de nutrientes de estos suelos. En la zona constantemente inundada crecen las sedas de mar, plantas que por su aspecto son difíciles de diferenciar de las algas con las que conviven. En zonas algo más elevadas, que quedan al descubierto en bajamar, se forman praderas de hierbas adaptadas a estas duras condiciones, como la hierba salada y la sosa de las salinas. En llanuras más altas y estables se instalan, según las características del suelo y la inundación de la marea, plantas de mayor porte, como la sosa prima y el salicor duro. Entre ellas crecen plantas de vida corta, como las salicornias.

En las zonas más alejadas de la desembocadura se desarrollan los marjales, densas praderas de carrizos, juncos y otras plantas adaptadas al encharcamiento constante de sus raíces. Gran parte de los marjales han sido desecados y convertidos en campos de cultivo. Estos terrenos, denominados porreos, han mantenido una fuerte tendencia al encharcamiento y, aunque las modificaciones supusieron un cambio trascendental de los marjales, ciertas plantas y animales han conseguido adaptarse creando un interesante mosaico donde conviven especies domésticas y silvestres.

En las playas, se encuentran los restos de lo que anteriormente fue un gran campo dunar. En ellos la especie más abundante es el barrón, acompañado de otras especies como el cardo marino y la correhuela.

+ info: Vegetación de la Ría de Villaviciosa – pdf 490 kb